Ayer fue el cumpleaños de mi bisabuela (ya he hablado sobre ella en
otra ocasión, qué crack es esa mujer). ¡¡¡Nada más y nada menos que 89 años!!!
Mientras nos comíamos la tarta empecé a reflexionar... ¡he roto la tradición familiar!
Todas las mujeres de mi familia se han casado muy jóvenes; vale que eran otros tiempos, pero, mi madre tiene sólo 41 años y lleva casada ya 25.
...hagan cálculos...
...venga, más rapidito...
...casi...
...¡ay! ¡ese cálculo mental!...
...anda, venga, saca la calculadora del móvil...
¡¡¡Sí, señores!!! ¡¡¡Mi madre se casó con 16 años!!!
Yo no sé cómo mi abuela, con lo moderna que es (o que se ha vuelto) pudo dejar que mi madre, en 1985, se casara con 16 años. Que no estoy hablando de 1940... ¡1985!
Ésta es la razón por la que vivimos las cuatro generaciones en casa: todas han tenido mucha prisa por casarse, formar una familia, tener hijos, nietos, bisnietos...

Tuvo que llegar la niña y terminar radicalmente con la tradición. ¡Que sí! Que todo ha cambiado, que yo estoy estudiando... pero tengo un montón de conocidas que ya andan con el carrito del bebé por el barrio o que preparan una boda inminente, ¡y tampoco es que me lleven mucho más de dos años!
Sé que cada cual es un mundo y hay miles de circunstancias distintas pero, ésta que está aquí no va a sucumbir por muchas cuberterías, vajillas y críos que quieran encasquetarme...
Aunque me da la espina que la situación se volverá a repetir, no por mi parte, sino por otra rama muy cercana de la familia. Me daría algo de pena, pero si ella es feliz así... yo también.
P.D: no sé si debería haber escrito esto... dicen que quien escupe hacia arriba...